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Tan rápida o elaborada como quieras.

Todos sabemos que la Lasaña es un plato de origen italiano, y como en todo buen plato, se puede adaptar a las costumbres y usos gastronómicos de otras latitudes. Podemos decir que le ocurre lo mismo que a la maravillosa empanada gallega.

Como todos los platos realizados con escómbridos es rico en Omega 3, aunque también hay que decir que la cocción del atún reduce su aporte. Pero quizás lo mejor para la cocina de recetas con conservas sea su rapidez de preparación y la amplia variedad de matices que nuestra imaginación puede aportarle.

Hoy en día, con la proliferación de productos precocinados, podemos optar por comprarla ya hecha, o por utilizar componentes precocinados. Obviamente la velocidad está reñida con la calidad, pero todos dependerá de nuestra prioridad, el tiempo versus la calidad y el coste.

Si sintetizamos la receta de lasaña estaremos hablando de un refrito con un ingrediente principal, el original es carne de vacuno, en esta variante es el atún, que sirve de relleno a las placas de pasta, y que se baña en salsa bechamel y se hornea, gratinándose finálmente con queso por encima. Suena bien, ¿no?.
Como casi siempre la proporción de los ingredientes estará en función de la cantidad y apetito de los comensales y de nuestro gusto por cada ingrediente.

Si eres un o una cocinilla y tienes tiempo, mejor hazlo tu mismo, aquí vamos a incluir todas las posibilidades, pasaremos de explicar el cómo del grueso de lo que es una Lasaña de atún, a añadir las recetas de la salsa bechamel, y hasta la de las placas de lasaña, dos ingredientes que fácilmente podemos encontrar precocinados, sin contar el tomate frito, una conserva que ya es habitual en nuestras cocinas. Y si nos ponemos, hasta el refrito lo podemos encontrar precocinado. Así. obtendremos la VARIANTE MÁS RÁPIDA, que también podríamos llamar la variante instruida, por la cantidad de instrucciones que vamos a tener que leer:

  • Bote de refrito precocinado.
  • Placas de lasaña que pueden ser para hervir, para bañarlas en agua caliente o bien solo para hornear.
  • Sobre o bote de salsa bechamel.
  • Queso rallado.
  • Por supuesto unas latas de atún, y a ser posible de Conservera de Tarifa.

Seguiremos las instrucciones del refrito precocinado, mejor usar la sartén que el microondas para poder añadir el atún y que éste se cocine un poco.

Despúes atenderemos a las instrucciones de las placas de lasaña, que una vez preparadas extendermos en una primera capa sobre una fuente engrasada, para esto podemos aprovechar el aceite de cobertura de la conserva de atún. Sobre esta capa añadimos el refrito con el atún, y pondremos otra capa de placas de lasaña. Podemos repetir la operación cuántas veces queramos, no nos pasemos tampoco. Finalizamos cubriendo con una capa de placas.

Ahora nos leemos las instrucciones de la salsa bechamel, que una vez preparada usaremos para bañar la lasaña, espolvoremos queso rallado, y al horno a unos 180º que para una lasaña de kilo y medio vienen a ser 15 minutos. Para finalizar gratinamos hasta que el queso quede hecho una costra conjuntamente con la salsa bechamel.

Si podemos emplear un poco más de tiempo, tenemos la VARIANTE HABITUAL, en este caso como precocinados solo empleamos las placas de lasaña, haremos nosotros mismos el refrito empleando tomate frito en conserva, y la salsa bechamel. Como es obvio en este caso se abre todo un mundo de posiblidades y creatividad en cuanto a posiblidades del refrito y toques personales de la salsa bechamel.

El refrito base suele contener cebolla y pimiento verde, pero le podemos añadir ajo, champiñones, incluso vegetales que aporten suaves texturas y sabores como el calabacín. El refrito se salpimenta, pero también podemos agregarle perejil picado, por ejemplo.

Como es norma refreiremos el ajo primero (si hemos decidido incluirlo), y después la cebolla y el pimiento. Podemos aprovechar el aceite de la conserva para el refrito con lo que potenciaremos el sabor del atún, pero ojo con esto. Cuando las verduras estén pochas añadimos la conserva de atún, mezclamos bien, y cuando esté perfectamente mezclado añadimos el tomate frito, calentamos y removemos bien para obtener una mezcla perfecta. Dejamos unos minutos, no muchos, el suficiente para que el tomate se caliente bien, casi llegue a la ebullición.

En la fuente engrasada colocamos la primera capa de placas y cubrimos con el refrito, colocamos otra capa y cubrimos, y así sucesivamente hasta el número de capas que deseemos, añadiremos la última capa y bañaremos en salsa bechamel, espolvoreamos con queso y al horno y luego a gratinar.

La salsa bechamel la habremos hecho previamente. La cantidad de esta salsa nos la da la cantidad de leche que empleemos. Los principales ingredientes son harina y leche, y la proporción es de dos cucharas soperas de harina por tres cuartos de litro de leche.

Para hacerla pondremos mantequilla o margarina en una sartén, cuando se derrita añadimos la harina y mezclamos bien, iremos añadiendo la leche poco a poco y removiendo continuamente, porque una buena bechamel no puede tener grumos, mejor hacerlo a fuego lento. Cuando hemos añadido toda la leche incorporamos la sal y la pimienta negra, mucho mejor si es recién molida, pero que mucho mejor, y finalmente la nuez moscada, tambén mucho mejor si la molimos en el momento de añadirla. Dejaremos que llegue a ebullición y retiramos del fuego.

Esta salsa a base de harina y leche permite rectificaciones de espesor, añadiendo leche o harina, para hacerla más líquida o espesa, pero ojo con lo que añadimos porque las especias son las que les otorgan un toque especial.

Por último, y para los auténticos expertos, llegamos a la receta de las recetas de lasaña, la VARIANTE SIBARITA, consiste en no dejar nada de la mano de los precocinados Obviamente requiere tiempo, pero el resultado y variedad de posibilidades cuando nosotros mismos elaboramos la pasta freca, es infinita.

En este caso el refrito lleva tomate frito preparado por nosotros, quizás necesite el mismo tiempo que la elaboración de las placas, pero sólo al fuego, y las placas de lasaña las haremos nosotros mismos, con lo que podemos incorporar variantes, partiendo de recetas de pasta freca como pasta verde (con espinacas), pasta rosa (con concentrado de tomate, concentrado no salsa), pasta marrón (con cacao de verdad), pasta con harina de castañas (de color marrón claro), pasta negra (con tinta de calamar, que por cierto da un gusto exquisito), etc. Basta darse una vuelta buscando estas recetas por Internet, para obtener multitud de variantes, y el truco está en incorporar un ingrediente que le de el toque.

Empecemos con el tomate frito. Un buen tomate frito, requiere tiempo y fuego lento. Cuanto más largo sea el proceso de cocción menos necesitaremos del truco de añadirle azúcar para neutralizar la acidez. El truco está en evaporar todo el agua posible que tiene el tomate. Si lo dejamos mucho tiempo, obtendremos el concentrado de tomate que más que una salsa es una especie de pasta.

Por regla general, la mayoría de recetas de tomate frito hablan de quitar la piel y las pepitas, hablan de un trabajo quizás excesivo en relación con el resultado, porque ya tienen mucho tiempo de existencia los pasapurés.

La relación es que de cada kilo de tomates frescos obtendremos aproximadamente medio kilo de tomate frito. Así que con esto podremos hacernos una idea clara de la cantidad de kilos que necesitaremos.
Lavamos los tomates y los cortamos en gajos, en una cazuela honda, para evitar las salpicadoras que produce cuando lo cocinamos, vertemos aceite y los tomates. Antes de ponerlos al fuego removemos para que todos los trozos se impregnen de aceite. Ahora los ponemos al fuego que en principio será fuerte para que empiece a hervir el aceite, luego bajamos y añadimos la sal al gusto, removemos. Dejamos que los tomates se pochen, será el momento de estrujarlos, obteniendo una especie de sopa de tomate. Ha llegado el momento de la espera, hay que ir removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue, pero esperaremos hasta que el agua se vaya evaporando, generalmente para cada kilo de tomate necesitaremos una hora o más.

El tomate se irá haciendo más espeso, más concentrado, estado listo cuando al pasar un cucharón se abra un surco que tarde algunos instantes en cerrarse, cuanto más tarde, más concentrado, aunque tampoco conviene dejarlos mucho porque cuando lo pasemos por el pasapurés espesará todavía más, y más aún cuando se enfrie.

Cuando lo pasemos por el pasapurés, no vale batirlo porque el pellejo se queda, al principio caerá de forma más fluida, y posteriormente irá quedando los más concentrado. Apuremos bien, porque siempre queda tomate entre las hojas del pasapurés, y rebañaremos porque lo más espeso se queda pegado al culo del pasapurés.

Finalmente todo lo recogido en el bol debemos removerlo para que tenga una consistencia uniforme.
Listo ya tenemos nuestra perfecto tomate frito. Y mientras habremos hecho las placas de lasaña como explicamos a continuación.

Para hacer la pasta para las placas de la lasaña vamos a necesitar harina, huevos, agua tibia, algo de aceite y sal. La proporción de harina y huevo puede ser de un huevo por cada 130 gramos de harina. Aunque podemos cambiar un huevo completo por dos yemas, si bien, siempre tenemos que tener algún que otro huevo completo en la receta. También es interesante tamizar la harina.

Bien, en una encimera amplia pondremos la harina como si fuera un cráter, lo que se dice haciendo corona, en el centro pondremos los huevos y/o yemas batidos, el chorreón de aceite, y la sal, y mezclaremos al principio. También será el momento de añadir el ingrediente que le de un toque de color y sabor, para hacer la pasta verde, rosa, marrón, etc.

Cuando tengamos una pasta muy pegajosa, añadiremos unos chorreones de agua tibia, para facilitar su manipulación, así que no tenemos que añadir mucha agua. Una vez mezclados los ingredientes, tendremos que pasar a la fase de amasado, el resultado debe ser una masa lisa y muy homogénea.

La masa la envolvemos en un paño y la dejamos reposar de media hora a una hora, aunque podemos dejarla hasta dos. La masa la iremos cogiendo en trozos que estiraremos bien, nos podemos ayudar a su manipulación espolvoreando con algo de harina, una vez que hayamos conseguido el grosor deseado cortaremos los trozos en rectángulos, que dejaremos secar sobre un paño durante unos minutos, sobre unos veinte minutos, aunque con temperaturas altas menos.

Posteriomente tendremos que cocerlas en abundante agua hirviendo con una pizca de sal y un chorreón de aceite. La cocción, será entre 5 y 7 minutos dependiendo del grosor del que hayamos hechos las placas, en todo caso deben quedar al dente. Cuando las saquemos del agua, los mejor es ponerlas en agua fría para cortar la cocción y evitar que se peguen.

A partir de aquí, haremos los mismo, colocamos las placas en la fuente engrasada, ponemos el relleno, que habremos hecho con el refrito al que le incorporamos la conserva de atún , y ahora con nuestro tomate frito casero, repetimos la operación las veces que queramos, ponemos la última capa de placas, bañamos en la salsa de bechamel que tambén hemos hecho, añadimos queso rayado o mozzarela, al horno y luego a gratinar. Estoy seguro de que tiene que quedar un plato para almorzar, cenar y si sobra volver a almorzar al día siguiente.

Permite una sugerencia, pruébala con caballa o con melva.

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