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Ya en la conferencia de Bangkok, septiembre de 2010, la industria conservera española denunció competencia desleal de la industria pesquera tailadensa, filipina y papuana.

Una denuncia sustentada en la falta de regulación de la mayoría de la embarcaciones de pesca y la falta de respeto a las más elementales reglas medioambientales como los paros biológicos.

 

Si bien el problema radica en que los controles de calidad practicados por la UE a los productos asiáticos se limitan al producto envasado y no a todo el proceso, desde la captura hasta la elaboración y envasado, como se hace con los productos europeos. Y es que no se puede ser más papista que el Papa, y si se es, hay que serlo con todas las consecuencias. Si apoyamos una política medioambiental responsable, hagámoslo con todas sus consecuencias, y no perjudicando al que respeta. Pero quizás eso responda al final, y como siempre, a una actitud del consumidor, y no a una postura política.

La falta de control sobre las embarcaciones, sobre el proceso completo de la conserva, y la ausencia de una política medioambiental responsable, implica que los aranceles de estos productos que ascienden al 24% de su valor, no tenga utilidad más que para las arcas de la UE, ya que los costes laborales y de fabricación, gracias a la escasa regulación del mercado laboral e industrial , suponen hasta un 30% menos respecto a los europeos.

Pues, si ya en la mecionada Conferencia, se dejaba entrever la amenaza que supone el sector asiático a toda la industria pesquera y conservera. La UE, de la que España es el primer productor conservero con el 67%, pone al sector al borde del abismo por la ratificación del acuerdo de asociación provisional con Papúa Nueva Guinéa a finales de este mes de enero de 2011.

Y es que este acuerdo de asociación elimina los aranceles y las reglas de origen para todas las exportaciones de productos pesqueros. Menos mal que es provisional, porque de antemano parece que la primera implicación será que países como Tailandia, China, Vietnam, Filipinas o Estados Unidos, se aprovechen del desarme arancelarios para introducir las conservas de atún a coste cero en el mayor consumidor de atún del mundo como es la Unión Europea con 710.000 toneladas anuales. Todos esto sin contar con que supone una nueva amenaza para las especies de los túnidos tan esquilamada en la actualidad, ya que la eliminación de las regla de origen conlleva sin duda prácticas de pesca ilegal y poco responsable, y más aún si tenemos en cuenta que el gobierno de Papúa es la cabeza visible de la negativa a cualquier norma de gestión o control de la pesca.

Y es que de nuevo somos más papistas que el Papa, y vestimos a un santo para desvestir a otro, ya que el acuerdo tiene su motivación en favorecer el desarrollo pesquero de las regiones del Pacífico que no pueden, por si mismas, explotar sus recursos, sólo que recordemos que estos recursos son limitados, y sin duda se fomentará la esquilmación de la especie.

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